Persecución [Petar K.]

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Persecución [Petar K.]

Mensaje por Anette Chénier el Jue Ago 04, 2011 1:33 pm

Día Jueves al atardecer

Vaya día había tenido, todo estaba saliendo de las mil…lo que sea, menos maravillas. Hacía mucho no tenía un día así, donde todo me saliera mal, desde el momento en que despertaba, hasta lo último que recordaba. Había comenzado todo muy temprano por la mañana, al despertar, lo primero malo que me ocurrió fue una discusión por algo muy tonto, con mi amiga, luego nos fuimos a clases las dos de mal humor. Ya en el salón de clases, accidentalmente mi libro se rompió, y lo único que me gané fue un regaño por parte del profesor, y como estaba de mal humor, contesté de mala manera y terminé con un castigo para el día sábado, justo cuando pensaba ir al mundo muggle con mi hermano, de fiesta. Y así fue la mañana, con puros regaños y accidentes. Y la hora de almuerzo ¡no podía ser menos! No…había terminado, por culpa de alguien más, con un plato derramado sobre mí, quedando completamente sucia con comida. Tuve que ir rápidamente a darme un baño y a cambiarme el uniforme por uno limpio, logrando con eso llegar tarde a la primera clase de la tarde, lo que finalmente me había traído hasta este lugar, el bosque. Como llegué tarde, la profesora Minerva me había regañado, y con mi gran humor que llevaba ese día, pues también le contesté de mala manera. Mala idea. Me había corrido de salón, y como no tenía deseos de volver a la sala común, donde estaría lleno de alumnos y donde seguramente encontraría a mi amiga enojada y a mi hermano dándome algún sermón, pues decidí salir a los exteriores.

Por varios minutos caminé por la orilla del lago, mientras mi mente divagaba en algunos recuerdos y mientras también pensaba en quienes eran los culpables de ese gran humor que solo me llevaba a tener problemas, mis padres. Nunca había tenido la mejor de las relaciones con ellos, o al menos con mi padre, del cual siempre había sentido odio que amor, sinceramente, nunca llegué a entender porque yo no le agradaba ¿Qué padre no quería a su hija menor? Y pensándolo bien, nunca le presté demasiada importancia al asunto, pero desde que él se había empeñado en que yo hiciera todo lo que me pedía, nuestra relación había empeorado considerablemente. Y claro, yo no me negaba, porque los castigos que me tocaban no eran pequeños. Hace bastante tiempo que había perdido el control de mis acciones…de todo en realidad, ahora me sentía…¿sola? Algo así, sentía que no encajaba, no me gustaba pasar tiempo con los pocos amigos que tenía, ni con nadie en realidad, todo mi entusiasmo y mi alegría se habían esfumado, y lo culpaba a él de eso. Tampoco era que me pidiera hacer cosas muy complicadas, pero lo último no lo había aguantado. Uno de sus socios lo había traicionado, según él, y mi padre como venganza a eso, quería darle una pequeña lección lastimando a su hija y claro, ¿Quién estaba cerca de la hija de su ex socio? Yo, para mi mala suerte. Lamentablemente esa chica era mi amiga y yo no iba a lastimarla solo porque mi “adorado” padre me lo pidiera. Luego lamentaría el haberme negado. En ese momento mi padre me declaró una especie de “guerra” y solo me había dicho que yo me había convertido en un problema, y él prefería deshacerse de sus problemas. En resumen, o me cuidaba o seguramente me mataba, como hacía cada vez que un individuo ya no le servía a sus propósitos. Que vida la mía…amenazada por mi propio padre.

Inconscientemente llegué al borde del bosque, y pensé que no tendría nada de malo adentrarme un poco, al menos hasta donde estaba bien iluminado y desde donde supiera volver. Comencé a caminar por el bosque y nuevamente me distraje con algunos recuerdos, por lo cual sin darme cuenta, terminé en medio de un circulo pequeño que quedaba entre muchos árboles, un claro – como rayos llegué yo aquí – dije algo preocupada, buscando con la mirada el camino para poder volver al castillo, pero nada – cielos – fue lo único que me animé a decir, y solo al azar escogí por donde irme. Caminé un buen par de minutos y al cabo de un rato, escuché un ruido extraño y la fuerte sensación de que me seguían. *Que extraño* pensé, deteniéndome y girándome, para ver si lograba ver algo. Supuse que solo era imaginación mía, pero justo entonces vi una sombra un par de arboles más allá. Era buena con mis reflejos y no esperé a preguntar quién era, saqué mi varita y lancé un bombarda directo a los arboles, derribándolos y comenzando a correr. Lamentablemente eso no detuvo a mi perseguidor y en pocos minutos me atacó con un Incendio, que por suerte solo me llegó al brazo, provocándome una quemadura pero a lo cual reaccioné rápidamente, y lancé justo directo al pecho de quien me seguía, un depulso que lo mandó directo a un árbol. Para evitar que me siguiera nuevamente le lancé un desmaius y lo aturdí. Necesitaba ver quien era antes de largarme de ahí, y al acercarme y ver su rostro, lancé una maldición. Era uno de los amigos de mi padre – Maldito viejo infeliz – dije antes de hacer aparecer un par de cadenas y amarrar al sujeto al árbol – espero que te coma algún lobo o alguna acromantula – dije furiosa y me alejé corriendo, llegando así de vuelta al claro. ¿Cómo diablos volvería al colegio antes de que mi padre se diera cuenta que había derribado a su amigo y enviara a alguien más? No tenía ni idea. Miré mi brazo lastimado y me sentía algo débil, así que descansaría unos minutos y luego buscaría el camino de vuelta al castillo. Me senté apoyada en un árbol y cerré los ojos, sin evitar el quedarme dormida y con mi brazo sangrando.



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Re: Persecución [Petar K.]

Mensaje por Petar V. Krum* el Lun Ago 08, 2011 2:59 am

- ¡Vamos!, ¡vamos!, ¡tememos que ser el mejor equipo este año! -
Petar seguía sobrevolando el campo de quidditch sin descanso, dejando que el aire que golpeaba su cara con fiereza se llevara los gritos de uno de los jugadores de su mismo equipo, pues siquiera le estaba prestando un mínimo de su atención, igual a los pocos estudiantes que se habían colado a las graderías para observar el entrenamiento. O más bien, observar a la futura promesa del deporte mágico por excelencia, el cual jugaba como buscador. Lo único que le captaba el interés en ese mero instante era a esa pequeña y brillante pelota dorada con alas, la cual vacilaba con orgullo mientras volaba metros más allá del buscador moreno apellidado Krum. Esa era una de las pocas veces que le estaba costando tanto de atrapar la snitch, solo por el hecho de haberla dejado campar libre demasiado rato como para que los demás lograran practicar sus puestos un rato más, pues cuando él lograra agarrar la escurridiza pelota, el entrenamiento del jueves habría terminado.
Y le costó. Tuvo que escuchar más ánimos y gritos ahogados de las graderías antes no pudiera acostarse a una distancia alarmante de la snitch dorada. El resto del equipo seguía con lo suyo y Petar se tuvo que terminar desviando hacia el corazón de las graderías, donde había los pilares de hierro y madera que aguantaban las paredes y las torres del campo. La snitch se colaba entre maderas cercanas adrede para que él se quedara atrapado o cayera de la escoba, pero él se figuraba aquellos movimientos de antemano y daba la vuelta por los alrededores de donde la pelota se metía, esquivando cualquier tipo de obstáculo que se interpusiera en su objetivo del jueves por la tarde.
Finalmente, cuando la snitch salió disparada contra la superficie de maderas, Petar se coló por un agujero del estadio, saliendo por debajo de la manta de cuadros azul celeste de la nueva casa de Beauxbatons (gracias a la ampliación por las otras escuelas) y encontró, o más bien, la pelota se estampó contra él al intentar apartarse con el ademán de que aún le siguiera. Rápidamente, él la agarró con la mano y la levantó, oyendo como sonaba un silbato a la otra punta del campo indicando el fin del entrenamiento. Automáticamente, Petar voló hacia los demás, bajado de la escoba de un salto y uniéndose a los comentarios victoriosos y prometedores de la próxima temporada de partidos. Aún no había visto como jugaban los otros equipos, pero había oído que los otros buscadores, o por lo menos, un par de ellos eran muy buenos. Y a pesar del encuentro con la buscadora de Gryffindor, no tenía la intención de doblegarse ante una chica menor que él. Aunque sea bonita y dulce, o sea la hija de Harry Potter.

Petar empezó a subir hacia los demás por el sendero de rocas que llevaba al castillo, pero, obviamente, todos ellos doblaron hacia el lago donde se encontraba su común. Todo lo contrario a las jóvenes británicas que los seguían mientras soltaban suspiros y cuchicheos sobre los chicos. Petar decidió ir a dar una vuelta antes de entrar al barco con los demás, así que tras deshacerse de ese grupo de sacos con hormonas revolucionadas, tuvo su rato calmado para él solo. Aquel rato se alargó más de lo esperado, pues incluso se hizo de noche. Estaba seguro de que faltaba poco para la cena y no sería favorable que no apareciera por ahí, por lo menos, que no mostrara indicios de fechoría. Seguramente que si no apareciera y algún miembro del profesorado se diera cuenta, le bajarían puntos a Durmstrang. ¿De qué servía ese maldito sistema de puntos? Él no lograba entenderlo. Ni en Durmstrang ni en Beauxbatons tenían algo similar. "Algo más que añadir a la lista de estupideces británicas junto con el té de las 5" pensó él mientras se dirigía hacia el castillo, el cual, por fuera, parecía estar totalmente en silencio. Pero algo lo paró en medio del camino. Le pareció escuchar una explosión procedente del bosque, y automáticamente se volteó hacia él con el ceño fruncido. ¿Quién estaría por ahí a esas horas?
Aquello no le hizo mucha gracia, y nada más lejos, le recordó los ataques a las otras escuelas a pesar de que dijeran que Hogwarts era el, actualmente, lugar más seguro en el que podrían estar. Otra vez le pareció sentir algo. Esta vez, ver. Algo de humo quizá, justo después de un pequeño estallido de luz no muy lejos de la parte visible del castillo. Sin pensárselo dos veces por las obvias consecuencias, agarró su varita, que seguía en su bolsillo, y echó a correr con cuidado y haciendo el menor ruido posible hacia dónde había visto y oído todo aquello.
En cuestión de cinco minutos, visualizó un claro no muy lejos de dónde se encontraba. En aquella pequeña zona, los árboles se posaban alrededor de una especie de circulo donde tocaba la luz directa de la luna y las estrellas, totalmente abarrotado de hierbajos y algunas plantas exóticas que le había parecido ver en el invernadero o durante las clases de Herbología. Mientras sus ojos recorrían aquel claro, visualizó la figura de una chica rubia apoyada en un árbol, aparentemente dormida.
Petar se acercó a ella con cuidado, dejándose ver en medio del claro y a punto de guardar la varita en el bolsillo. Pero no lo hizo. No tras ver que la rubia tenía el brazo sangrando. Entonces se alarmó y miró a su alrededor.

- Homenum Revelio - susurró apuntando hacia ninguna parte en concreto. No pareció haber nadie alrededor, así pues se volvió hacia la chica y se acercó a ella, poniéndose a cuclillas justo a su lado.
Le puso una mano en el hombro y la agitó con mucha suavidad.

- Eh, ¡eh! ¿Estás bien? - Petar echó otro vistazo alrededor y luego volvió a mirarla con preocupación.



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