Over-Analysis [Privado]

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Over-Analysis [Privado]

Mensaje por Caelum S. Morrow el Vie Ago 12, 2011 1:04 pm

Después de todos los eventos desencadenados en la fiesta que había organizado Granger en el Ministerio para las víctimas de los ataques, Caelum apenas y había podido salir del Ministerio. Las quejas llegaban diariamente, sin falta, así como las exigencias de explicaciones de todas partes de Inglaterra. No era que se quejara, porque a final de cuentas, el tener su puesto tenía más puntos a favor que negativos. Además le gustaba sentirse con ése imperceptible poder sobre la sociedad británica. No tenía por qué mentir al respecto, era un hombre ambicioso, su padre decía que era algo de familia y él estaba de acuerdo. Sin embargo, el poder siempre traía ciertas… Responsabilidades que no le gustaban del todo.

La enorme doble puerta de color blanco se abrió de par en par, dándole paso a ése hombre de penetrantes ojos azules y sonrisa indescifrable. Sus pasos eran elegantes y resueltos, la impecable túnica negra que llevaba puesta sólo delataba la posición económica y social que ocupaba. Su hermana había enviado una urgente lechuza a su oficina. Aparentemente sus padres habían tenido un accidente con unos dragones en sus vacaciones en Escocia y estaban graves. La situación no dejaba de parecerle de lo más extraña. ¿Cuándo habría podido pensar que a Jerome Morrow le ocurriera un accidente? Su padre era precavido como ningún otro. Toda su vida había vivido con delirios de persecución y la paranoia al máximo nivel. Eso era algo que Caelum había heredado de él, así como el pensar que los accidentes no existían. Todo le resultaba demasiado extraño y casi podía ver la sombra de la mano de Lucien, su hermano mayor, en todo eso. El problema era que no tenía pruebas y ninguno de sus padres había recuperado la conciencia como para que explicasen qué había pasado exactamente.

Se apartó hacia la derecha al ver a unos medimagos dirigirse a él con una camilla, apresurados mientras la mujer en ésta gritaba agónica. El castaño dibujó una mueca de desprecio en sus labios. Odiaba los hospitales. No era que le importase el ver sangre, ése nunca había sido un problema. Pero el escuchar a todos ésos infelices sufrir –y que no fuese por su causa- le resultaba asquerosamente patético. Continuó con su camino, llegando hasta el ascensor. Entró con un par de personas más, demasiado ensimismadas en sus propios pensamientos como para percatarse de la presencia de alguien más. En cuanto el sonido ligero del elevador al llegar a la primera planta resonó en el espacio, Caelum salió primero. Volviendo a ésos pasillos tan monótonos y simples. Entró en una sala espera, donde suponía que estaría Saiph, su hermana menor. Sin embargo, la pequeña Saiph parecía haber encontrado algo mejor que hacer, pues no había ni pista de ella. Por supuesto, era de esperarse…

Un medimago salió de la sala restringida. Aparentemente le conocía, pues le llamó por su apellido o simplemente daba por hecho de que alguien en ésa sala sólo podría ser familiar de los pacientes. Estrechó su mano con firmeza antes de tomar sus manos a su espalda, mirando al hombre de apariencia benévola y hasta –tenía que decirlo- estúpida. Por lo que entendió entre toda la paja y terminología médica, aún no tenían un panorama alentador ni una posible fecha de recuperación para sus padres, dada la avanzada edad de ambos. Sutilmente dijo que, de hecho, ni siquiera sabía si podrían recuperarse y que fuese preparándose para lo peor. No había más por hacer en ése momento, tal y como le había hecho saber a la ‘señorita Morrow’, por lo que creía indicado que fuese a almorzar.

Bien, entonces Saiph había ido por su almuerzo. Caelum dio media vuelta y volvió a salir al pasillo, con un revoltijo de ideas pasando a una velocidad abrumadora por su mente. ¿Qué demonios pasaría después? No sabía en qué términos quedaba su herencia, porque era obvio que tenía que recibir algo, ¿no? A pesar de que el idiota de Lucien era más cercano a sus padres, él seguía siendo un digno Morrow. Más le valía a ése viejo estúpido el tener sus papeles en orden. Adecuadamente, comenzaba a enfriar su cabeza. Eso era lo que necesitaba. Eso y un poco de whisky.

Al final del recorrido, después de haber vuelto a tomar el elevador, llegó a la última planta, donde se encontraba la sala de té y la tienda de regalos. Una chica a la que no le prestó atención pidió su orden en cuanto se acercó a la caja. Miró las bebidas disponibles y enarcó una ceja al ver que no había nada ni con un poco de licor. Había cervezas de mantequilla, pero el sabor de ésas bebidas le causaba náuseas. Se resignó a pedir un espresso que le sirvieron en una taza de apariencia dudosa. Tomó asiento en una de las sillas altas que se encontraban dispuestas cerca de la caja y le dio un trago al café. El sabor amargo de la oscura bebida recorrió su garganta de manera agradable, contrastando con el terrible sabor. De poco en poco, la taza se vació más rápido de lo que hubiera pensado. Miró el reloj de oro que rodeaba su muñeca y vio que no había pasado mucho tiempo. Esperaría por su hermana unos minutos más, pues no podía esperar que su hermano, el 'gran' Lucien, quisiera darse una vuelta por San Mungo. Si Saiph no aparecía se largaría de ése lugar.

Una chica con la túnica característica de los que trabajaban en San Mungo pasó a su lado. La detuvo con un ágil movimiento de su mano, sujetándole el brazo, al tiempo que tomaba su taza vacía con su mano libre y se la extendía a la chica. –Más café… Ya que aparentemente es lo más fuerte que pueden servir en éste lugar,- pidió con un tono terminante, dejando la taza en las manos de la mujer que ni siquiera se dignó a mirar y se dio media vuelta, apoyando uno de sus codos en la tabla de madera que tenía frente a modo de mesa.
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Re: Over-Analysis [Privado]

Mensaje por Margaret M. Westerfeld el Vie Ago 12, 2011 2:07 pm

¿Y si algo malo le había pasado a Ethan? Ese era el único pensamiento que rondaba los pasillos de la casa de los Westerfeld. Se deslizaba con un angustioso lamento por las alfombras, impregnando las paredes con manchas de nostalgia. Las cartas que su hermano tan reaciamente se dignaba a escribir cada fin de semana, eran ahora, lo único que esperaba la familia para volver a respirar en paz. Thomas le había escrito una, siendo el único que pudo mantener la cabeza en su lugar cuando la el terremoto dio paso a la histeria de los magos londinenses.

La coraza de calma que Margaret había erigido en torno a ella se vio perforada a media mañana cuando su madre, Lucy, le dio alcance en la cocina donde preparaba su desayuno, para compartir sus nuevos temores o paranoias. Así sin más, Magguie anunció que iría a San Mungo a ver si necesitan ayuda con las víctimas.

Cuando salía de la casa se detuvo a observar los daños causados por el derrumbe. Su padre se estaba encargando de las reparaciones que eran muchas. Derek y Josie habían dormido la noche anterior con ella, llorando –uno en silencio, la otra a mares- sobre las almohadas. La acompañarían varias noches más. Derek llegó hasta ella corriendo, para preguntarle si iría a buscar a Ethan. Le dolió responderle que no, sabiendo que Josie esperaba conocer la contestación desde su sitio escondida tras la puerta de entrada.

En San Mungo encontró donde despabilar su mente colaborando con algunos sanadores que a través de su madre y por los años que había pasado de ayudante, había conocido. Esa tarde iría a visitar a los pacientes más antiguos que tenía, viajar a Hogsmeade o al Valle de Godric. Los lugares que pudiese y luego llegar a tiempo a la hora de la cena. Si no fuera por su abuela, no confiaría en dejar a sus hermanos menores a cuidado de nerviosa madre. Se frotó las sienes con los dedos, sintiendo una jaqueca al hacer planes solo para no pensar en su hermano. Amar era insalubre.

Condujo sus pasos hasta la cafetería, a reponer energías para continuar. Iba con los pies en el piso pero la mente vagando lejos, que cuando sujetaron su muñeca se quedó mirando la mano que la retenía en su lugar y después al dueño de la misma, sin atinar a pensar con claridad. Hasta sujetó la taza cuando fue depositada en sus manos.

- ¿Perdón?- la pregunta sonó cortante, echó la culpa a la tensión que había acumulado toda la mañana.- Creo que estás equivocado, por lo general,- señaló su uniforme- esto usan los sanadores. Pero estás disculpado, el daltonismo…- dejó la taza sobre el mostrador, con suavidad.
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Re: Over-Analysis [Privado]

Mensaje por Albus S. Potter el Dom Ago 28, 2011 3:33 pm

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