Viernes Libre [Privado continuación...]

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Viernes Libre [Privado continuación...]

Mensaje por Rose L. Knnox el Dom Ago 21, 2011 7:17 am

El camino que unía el pueblo al colegio estaba muy bien cuidado, había árboles a ambos lados del sendero, estaba empedrado pero lo suficientemente planificado como para no caer, a pesar de que llevaba unos altos tacones, las puntas de estos nunca se atoraron entre las piedras y caminé fluídamente. El sol comenzaba a ocultarse en el horizonte y era la hora en la que el cielo lucía un color rojizo-anaranjado. - Siempre he pensado que ese es el color de Durmstrang- le comenté distraídamente mirando el horizonte, era un color muy bello, imposible de imitar en un lienzo.

- Creo que es agradable caminar bajo el crepúsculo con este fresco viento, el otoño es mi estación favorita del año - comenté igualmente distraída. Por un momento tuve aquella sensación de un perro que corre y ladra detrás de un automóvil en movimiento y que cuando alcanza las llantas no sabe que hacer con ellas y se queda sólo mirando esperando que el auto vuelva a acelerar para volver a correr detrás de él. Así me sentía a veces con Petar, había gritado y corrido detrás de él librándolo de sus seguidoras, había impuesto mi posición dentro de "La Manada" y había alcanzado mi cometido, ahora estaba sola con él, caminando con rumbo desconocido mientras la noche caía sobre nosotros. Me sentí tranquila y esperanzada de que aquella noche fuera más que alcanzar la llanta del auto y dejarla irse de nuevo.

El camino fué realmente corto, comparando las distancias que recorríamos dentro de los mismos terrenos de Durmstrang y esto, se podía decir que todo el pueblo y el colegio abarcaban la superficie de los terrenos de nuestro Instituto. El pueblo lucía realmente bonito, estaba todo iluminado. Cada casa y establecimiento tenía varios faroles con velas dentro que iluminaban todo. El pasto se encontraba bien recortado y había algunos setos con figuras de animales en las esquinas y en la glorieta principal que se veía a lo lejos. Había muchos alumnos del colegio esa noche en el pueblo al igual que nosotros, parecía que no habíamos sido los únicos que habían tenido esa idea así que me sentí más libre de andar por esas calles sin culpa -aunque la culpa que tenía era casi nula-. Había bancas en algunas aceras y había muchísimas hojas secas tiradas a los pies de los árboles que se veían casi "pelones".

Los en los letreros se leían cosas como "Las tres escobas", "Devish & Banges", "Honeydukes", "Cabeza de Puerco", "Zonko", "Casa de Té de Madame Tudipié" y muchos otros. Muy, muy a la distancia se podía ver una gran casa en ruinas con las ventanas tapiadas y notoriamente abandonada, era lo único que no combinaba con el panorama, pero estaba tan alejada que no molestaba a mi apreciación. No estaba segura de querer entrar a algún sitio o si quería tomar el fresco en una banca, tal vez acompañados por un helado la noche sería agradable pero no sabía que quería Petar. Lo miré con ceño interrogativo, seguro que entendería el "¿A donde vamos?" implícito en mi gesto. Mi corazón latió con fuerza cuando nuestras miradas hicieron contacto, traté de que no se viera notorio.




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Re: Viernes Libre [Privado continuación...]

Mensaje por Petar V. Krum* el Dom Ago 21, 2011 10:44 am

Petar hubiera jurado que, al salir por la puerta delantera del castillo, más miradas se unieron al grupo de supuestos "corazones rotos", culpa de las malinterpretaciónes de aquella escenita. Pero cambió rápidamente de pensamiento cuando dejaron atrás el lago y algún grupo de estudiantes que se entretenían correteando por los exteriores. Aún no había soltado a la rubia cuando los alrededores oscuros pasaron a ser algo más suaves de ver. Los ojos del búlgaro se entretuvieron a mirar a su alrededor, observando ligeramente maravillado como la flora de aquel camino parecía haber estado cuidada de forma meticulosa y, seguramente, premeditada para parecer un lugar más atractivo a los estudiantes, que próximamente tenían una excursión a ese mismo pueblo al que se dirigían.
La luz del sol fue tornándose de una tonalidad dorada-anaranjada a medida que se acercaban al pueblo. El astro que les iluminaba iba desapareciendo en el horizonte, entregando una paleta de colores a las que Petar, como muy bien acababa de decir Rose, le recordaban a los colores de Durmstrang. Y es que a pesar de que Durmstrang estuviera al norte, lo que daba a entender que estaba nevado casi todo el curso, los colores que venían en mente de todos siempre era una mezcla de colores de la tierra (marrones) y colores del sol (dorados anaranjados e incluso rojos. Aunque el último adquiere un color más sangriento).

A pesar de ya entraban a Noviembre, el frío no era tan notorio como había estado las semanas anteriores. Con la simple sudadera parecía tener más que suficiente, y la semana pasada recordaba que se tuvo que poner la chaqueta marrón de piel gruesa. El tiempo parecía volverse loco, y él echaba de menos el frío de pleno invierno.
Al escuchar el segundo comentario de Rose, él volteó la cabeza hacia ella sin ningún tipo de expresión clara y asintió volviendo la mirada al frente.

Si que era agradable. Aquella caminata, bajo la luz del crepúsculo, resultaba muy tranquilizante para el chico. Tanto que ni siquiera se molestó en responder con un "si", pues era obvio que él también lo creía.
Antes de que Petar mismo se diera cuenta (y seguramente ella también), llegaron a aquel pueblo, Hogsmeade. Ambos se percataron al instante de que los terrenos de Hogwarts no eran comparables con los de Durmstrang, pues de seguir en el colegio frío, aún ahora seguirían en los terrenos del castillo, y seguramente les faltaría media hora más hasta llegar fuera de estos. Al fin y al cabo, pensándolo mejor, todo le parecía pequeño en comparación. Y aquello, a pesar de las nuevas amistades, lo echaba de menos. El frío, la escuela, la tranquilidad y... la seguridad. Aunque lo último ya no lo sentía en ninguna parte.

Ya casi entrada la noche, el pueblo resaltaba entre la oscuridad de los alrededores. Hogsmeade era un sitio pequeño y lleno de diminutas casitas muy unidas entre sí. Las calles eran más estrechas que anchas, pero, a pesar de eso, un grupo numeroso de personas podría pasar sin problemas. Las casas estaban iluminadas ya, pero a Petar le llamó la atención de algunos rótulos que eran más grandes de lo normal, y también luminosos.
Antes de que se percatara de otra cosa, se fijó en que había algunos estudiantes más del colegio británico. La mayoría menores que ellos dos, y se preguntaba como creían que podrían faltar sin ser descubiertos, sobre todo, yendo en grupos mínimamente numerosos. Él terminó dejando pasar aquello y volvió a mirar rótulos. Los nombres de aquellos locales le parecían realmente extraños aunque, claro, Gran Bretaña no podía compararse con Noruega, ¿no?
Arqueó ambas cejas cuando la rubia se volvió hacia él, preguntando con la mirada que querría hacer o a dónde quería entrar. El se quedó callado unos instantes, aguantándole la mirada a ella y decidiendo que responder. No estaba seguro, ya que nunca antes había entrado en alguno de aquellos locales, por lo que tampoco sabía cual tenía mejor calidad. Se limitó a hacer una mueca un tanto leve y puso su otra mano dentro del bolsillo de la sudadera.

- ¿Te apetece que tomemos un té? Podemos cogerlo y tomarlo aquí a fuera. Ahí hay unos bancos, junto a aquellos árboles - comentó él con tranquilidad mientras sonreía por lo del té. Y es que aún encontraba algo exagerada aquella costumbre del té de las cinco, a pesar de que ya era más de aquella hora - O lo que quieras. Tu eres la señorita - Al terminar aquello último, el búlgaro inclinó ligeramente la cabeza con una mezcla de educación y diversión, y sacó la mano derecha del bolsillo de la sudadera poniéndosela en el abdomen durante la inclinación.



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Re: Viernes Libre [Privado continuación...]

Mensaje por Rose L. Knnox el Dom Ago 21, 2011 11:56 am

Había un local especialmente... ¿Rosa? que miré cuando él comentó la idea de tomar un té al aire libre, me encantó esa idea porque no quería encerrarme en una noche tan fresca como aquella. A comparación de las noches otoñales casi invernales en Durmstrang esto era como una tarde de campo, no tenía frío de ir con mi vestido.

- Me parece excelente, tomar un té... sintámonos un poco... ¿Británicos? - dije con ligera sorna y una sonrisilla entre coqueta y tímida. Junto a él me sentía como una muñeca de porcelana, como si pudiera tomarme y romperme en cualquier momento así que me trataba con delicadeza para evitar algún daño. Me hacía sentir increíble, así que cuando soltó sus brazos de mis hombros y nos miramos decidí que quería pasar más tiempo así con él. Ya me las ingeniaría. - Creo que ese es el lugar para comprar el té - le enseñé con la mirada el establecimiento rosa que decía "Casa de Té de Madame Tudipie" hasta el nombre me parecía demasiado rosa.

Como no me iba a arrojar a él como todas las demás hice un ligero espacio cuando él bromeó e hizo esa reverencia para conmigo, me alejé un paso. - Te he dicho que lo que yo quiero es mmmm.... ¿Improbable? ¿Indecoroso? llamalo como quieras... pero no pasará - sonreí con ganas de soltar una carcajada pero no lo hice. Y en verdad quería hacer algo que era reprobatorio, pero me daba más que por servida de poder estar con él, que me hubiera llevado abrazada todo el camino para mí era más de lo que podía pedir.




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Re: Viernes Libre [Privado continuación...]

Mensaje por Petar V. Krum* el Dom Ago 21, 2011 12:53 pm

Él sonrió a gusto ante el comentario de la rubia acerca de sentirse británico. Muchos de los estudiantes de Durmstrang se habían tomado algunas costumbres británicas típicas como chistes personales, y no resultaba extraño ver al típico gracioso de turno en el barco imitando a una educada eminencia tomando su té de las cinco en punto, o gritando por la inpuntualidad de este. Aquello era un tanto desagradable para los británicos de nacimiento que se encontraban en el barco, pero divertido para los ajenos a aquella isla europea, así que Petar se encontraba entre el grupillo que no podía disimular una sonrisilla debajo de la nariz cuando alguien montaba aquel cuadro.
Petar necesitó unos segundos para reacionar tras aquella sonrisa entre coqueta y tímida que había soltado Rose. A pesar de estar advertido y acostumbrado a ella, sabía que no quitaba el hecho de la presencia del "gen veela" en su sangre. Y si no fuera por que el color de su piel parece repeler al instante cualquier tipo de indicio de enrojecimiento, en ese momento se habría, quizá, delatado. Cuando, con esfuerzo, consiguió desviar la mirada de la rubia, le siguió su campó de visión hasta un pequeño, pero acogedor, local llamado "Casa de té de Madame Tudipié".
Petar no pudo evitar arquear una ceja, perplejo, ante el nombre del local. El obvio francés y lo que le permitía de visión del interior aquellas diminutas ventanas le indicó que aquel local, horrorosamente recargado en cuanto a decoración, era el sitio idóneo para ir en pareja. Seguramente que, cuando se decidieran a poner un pie al interior del establecimiento, podrían visualizar con suma tranquilidad a una pareja encaramelada, por lo menos.
No le molestaba aquello, de hecho le resultaba indiferente un té ahí que una de aquellas famosas cervezas de mantequilla en algún otro sitio, pero le resultaba incómodo el ambiente recargado. A demás de que, por una de las ventanas ligeramente abiertas, salía un ligero aroma con mezclas dulzonas capaz de derribar a cualquiera con solo meter un pie dentro.

Ella se separó con un saltito educado cuando el búlgaro se inclinó ligeramente al cederle la oportunidad de la elección solo por su condición de señorita y él se limitó a sonreír de medio lado con los ojos clavados a las esferas azules de ella.

- Vivamos entonces en la conformidad y vayamos a pedir un té para llevar - contestó él, volviendo a levantar la cabeza sin ánimo de borrar aún aquella pequeña sonrisa de su rostro.
Con la mano totalmente extendida, indicó a Rose que se moviera hacia el local de Madame Tudipié para así poder seguir sus pasos. Y sus sospechas se hicieron ciertas en el mismo momento en el que abrió la puerta para dejar pasar a su compañera.

Una mezcla de olores, entre dulzones y amargos, se precipitaron hacia los dos, envolviéndolos y arrastrándolos al interior. El color predominante en aquel lugar, como era natural, era el rosa, que conjuntaba con el plateado de las mesas y sillas a rebosar de detalles tallados, seguramente, a mano. Aquel sitio le recordaba a la típica casa vieja amueblada al puro estilo victoriano, pero con el perfecto toque británico que, de buenas a primeras, le pareció imperceptible, pero sabía que estaba ahí. Los ojos del chico echaron un vistazo a algunas mesas, donde se encontraban desde personas solas a pequeños grupos de un máximo de cinco, pasando por las parejas romanticonas.
Miró a Rose unos instantes y terminó por acercarse al mostrador y mirar el menú. Al parecer, cada té tenía su propia historia, y al ver tantos y de tan distintos, Petar sintió como se mareaba psicológicamente hablando.
Finalmente optó por lo más sensato; miró a la irlandesa y, arqueando una ceja algo perdido, decidió que tomaría lo que ella eligiera.

- ¿Qué quieres tomar? - preguntó mientras le pasaba el menú.



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Re: Viernes Libre [Privado continuación...]

Mensaje por Rose L. Knnox el Lun Ago 22, 2011 8:47 am

A veces odiaba el acento que fluía por mi boca cuando me encontraba nerviosa o distraída. Había nacido y crecido los primero años en Irlanda, pero me había ido a vivir a Alemania a los 8 años, después entré en Durmstrang y viví ahí añorando que mi verdadero acento natural fuera uno fuerte como el alemán aunque mi padre siempre decía que no tenía que pronunciar con tanta fuerza para que me escuchara más femenina... él quería que asistiera a Beauxbatons precisamente con el fín de que mi acento se volviera suave y empalagoso como el francés. Daba gracias a Merlín que mi madre había sido tan reacia a que me separara de mi hermano mayor y había vivido cosas increíbles en el norte. Él en cambio tenía un acento perfectamente masculino y sensual. Sabía que no era un chico que hablara demasiado pero cuando lo había captaba todas las miradas, la mía entre ellas. En ese momento cuando su varonil voz y su acento búlgaro se hicieron presentes en medio de la noche casi me caigo hacia atrás distraída y mi maldito acento nativo, irlandés, salió a flote. - No te veo como un chico que se conforma y no creo ser ese tipo de mujer... - le guiñé un ojo. Con él era como vivir una nueva experiencia a cada momento porque me hacía sentir humana, vulnerable. No estaba acostumbrada a titubear ante ningún hombre, siempre que estaba con uno yo era la que me mostraba en la posición de poder, era la que tomaba las riendas de todas las situaciones pero con Petar era tan distinto... con él sentía como la sangre me recorría con velocidad por las venas y como un centenar de doxies rabiosas revoloteando en mi estómago. No me sentía tan bonita a su lado, como si él no pudiera notar que era encantadora, estaba acostumbrada a que todos los hombres me halagaran por lo hermosa que era, no muchos sabían mi situación de veela así que caían rendidos sin chistar, pero Petar lo sabía y a veces sentía que eso era lo que lo refrenaba, que no se dejara deslumbrar por mi belleza porque sabía que era algo sobrenatural. De todos modos no iba a detenerme, lenta y sutilmente él se daría cuenta algún día... de que yo era lo mejor para él. Él tenía una ventaja sobre los demás: Le había permitido conquistarme, sólo que aún no se daba cuenta.

Su sonrisa era embriagadora, así que volví a pensar en los perros muertos y sonreí coquetamente por el hecho de ser tan tonta y distraerme de esa forma. Su cuerpo me indicaba que me seguiría y caminé primero, con las manos detrás de mi espalda sujetando mi pequeño bolso y moviendome rítimicamente al compás de mis pasos, haciendo que la tela de mi vestido hondeara ligeramente, como en una película.

Entramos al lugar, se veía demasiado atascado de detalles, era como entrar a la casa de la abuela de mi madre, platitos con figuras, mesas con manteles bordados, servilletas de tela, velas aromáticas, el olor de los cientos de tés que se bebían en las mesas y por supuesto los chicos compartiendo y riéndose en todo el salón.

Nos acercamos a la barra y Petar tomó la carta leyendo detenidamente pero mi mirada no se detuvo ahí, elevé la vista por encima del hombro del búlgaro y divisé a una pareja en una esquina, una chica castaña con el cabello quebrado y largo, estaba de espaldas a mí y estaba junto a un chico de cabello rubio, éste lo llevaba corto y despeinado, extrañamente lucía atractivo con todo ese semblante despreocupado del mundo. Platicaban y reían. No pude evitar sonreír también mientras mi compañero leía el menú. Los jóvenes de la esquina comenzaron a besarse y mi atención quedó captada inmediatamente. Mi cabeza se ladeó un poco adquiriendo una mejor toma de lo que sucedía ahí. Se veían tan acoplados el uno al otro, él la tocaba con mucha delicadeza, acariciaba su rostro como si fuera de mantequilla y se fuera a derretir entre sus manos, y ella lucía tan gracil y femenina que hubiera sido imposible para muchos resistirse. Era una visión confusa para mí, estaba segura de que ella no era tan hermosa como yo, y a pesar de eso había alguien que estaba con ella, besándola y tratándola como una dama merece, siendo consentida en la mejor de las maneras, la escena no era vulgar. Tuve el deseo de que alguien me tratara así, porque... nunca nadie me había besado y esa información no era de dominio público, todos me veían como una mujer frívola y un tanto "Perra", ciertamente lo era, pero solo porque no quería que nadie conociera mi lado vulnerable... Petar era uno de los pocos que me conocía tal cual era.

Entonces mi atención se vió distraída y volví la mirada a sus ojos. - ¿Eh?- dije en un principio pero comprendí que me preguntaba que quería cuando ví que aún tenía el menú en la mano. - Ahm... yo quiero una infusión de jazmín, si tiene pétalos de rosa, que le pongan algunos, esa bebida me la daba mi bisabuela cuando iba a su casa... y ciertamente este lugar se parece mucho a su hogar - reí tras decirle eso y mirar fugazmente hacia los manteles de una mesa cercana. - Aunque creo que ella tenía un poco de mejor gusto - fruncí la boca y me encogí de hombros, lo decía en serio.

Me dí cuenta también en ese momento que él no tenía una elección y casi pude escuchar a mi madre "A los hombres les gustan los dulces, comerlos, olerlos, beberlos... llena sus platos con un buen postre y los harás pedazos... ponte un perfume dulce y los harás pedazos... dales una soda de mango y los harás pedazos..." ella tenía razón y lo había aprendido con Jerome, él era feliz con los dulces, Gabriel también. Había aprendido que en verdad los aromas dulces los enloquecían, por eso cuando salía con Petar me ponía una loción dulce con un toque de pera, aquella noche no había planeado encontrarme con él así que me había puesto un perfume ligeramente cítrico, ahora me arrepentía de ello. - Creo que deberías de probar... - miré la carta y cambié de hoja a la sección de "Dulces" y miré que tenían una tizana de pera con trocitos de durazno seco y un toque de menta - Éste - apunté con el dedo indicándole cuál era el que debía de probar, había elegido a propósito la bebida de pera para que la asociara conmigo, esperaba que se diera cuenta.




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Re: Viernes Libre [Privado continuación...]

Mensaje por Petar V. Krum* el Lun Ago 22, 2011 11:04 am

Cuando él se volteó hacia la rubia para entregarle el menú de Madame Tudipié, tuvo que esperar unos cortos segundos a que ella se percatara de lo que hacía. Al volver a pisar tierra firrme, agarró lo que él le entregaba mientras que él se giraba totalmente a ella, observándola fijamente en aquellos cortos segundos que tardó en responder. Aquel lapso de tiempo tan corto le bastó al búlgaro para fijarse algo más en Rose; la piel de ella, pálida pero no traslúcida, parecía lo más fino y delicado del mundo. Aquella piel, junto con las facciones de su cara, así como las curvas de su cuerpo le recordaban a una de aquellas muñecas de porcelana que tenía su hermana de pequeña. Por un segundo le pareció que al mínimo golpe que pudiera recibir ella, se rompería en mil pedazos. Y sus labios, rosados, finos pero carnosos... ¿Cuántas veces se había quedado absorto pensando en ellos? Aunque claro, aquello tampoco resultaba ser su perdición. ¿O si? Había estado con más chicas, multitudes, pero nunca con Rose. Quizá fuera por el sumo aprecio que le tenía, por el hecho de que, de algún modo, sabía que aquello no podía durar, al igual que le había pasado siempre. Su vida no era como la de cualquier otro, o por lo menos, la intimidad se veía reducida a casi cero. Y a todo ello, a pesar de la escasa distancia a la que estaban el uno del otro, ya no sentía el leve toque cítrico de su perfume por culpa de todo aquel alboroto de olores que se sostenían en el aire a lo largo del local aquel. Aunque no estaba acostumbrado a oler el perfume que ella llevaba aquel día (pues normalmente llevaba una loción dulce con un toque de pera), le resultó encantador de cualquier forma.

El búlgaro escuchó como sus labios pedían lo que le venía de gusto: una infusión de jazmín. El chico ladeó la cabeza con una leve sonrisa al oír el motivo de aquel pedido y la verdad era que no solo se parecía, seguramente, a la casa de su abuela, si no también a la casa de la gran mayoría de la gente mayor. Incluso su mismísima casa tenía aquellos toques victorianos, con la pura diferencia que los colores eran más oscuros; marrones, negros, grises..., aunque claramente, no estaba tan recargada como aquel espacio de setenta metros cuadrados.
Al final pareció que la rubia irlandesa interceptó las intenciones del búlgaro, ya que resultó recomendarle un té para probar que no era el que ella iba a tomar. Con el menú entre las manos, empezó a pasar páginas a toda prisa hasta llegar a la parte de los dulces. Ahí le eligió uno de tizana de pera con trocitos de durazno seco y un toque de menta. Él miró el dibujo humeante de al lado y le pareció apetitoso, así que volviendo a apoderarse del menú con suavidad, giró y lo depositó sobre el mostrador, llamando la atención de la dependienta. Antes, pero, volvió la mirada a Rose y sonrió juguetón.

- Me fío de ti, ¿eh? - dijo fingiendo la inseguridad y algo de rudeza, pero sin ir en serio.

Él vacilaba ante la idea de si aquella mujer bajita rendonda y pálida, pero lo suficientemente maquillada como para que te de un buen susto por la noche, de detrás del mostrador era madame Tudipié. No la llamó, aunque no hizo falta ni un mero gesto para hacer notar su presencia, pues ella reaccionó de inmediato.

- ¡Pero si es el joven Krum! - dijo ella, casi ahogando el típico gritito interior que muchas se aguantaban. - ¡Qué sorpresa más agradable! ¡Justo el otro día vi una rueda de prensa de tu padre! El partido estuvo genial, aunque me da pena que no esté jugando en un equipo y se limite a ser el entrenador. ¡No sabes cuánto me gustaría volver a verlo como cazador! Aunque... ¿para eso estarás tu no, joven promesa? - ella rió algo nerviosa mientras se le coloreaban ligeramente las mejillas y tomaba algo de aire para tranquilizarse.
Él se limitó a sonreír lo más honesto y educado que pudo, quizá incluso llego a formular un "si, bueno", a pesar que interiormente se moría por coger el té y salir de allí con Rose.
Ahora no solo estaba la mezcla de olores, y lo recargado de aquello, si no que la dependienta le había reconocido y no parecía de aquellas mujeres que se callaran una.
La dependienta se fijó en Rose, pero antes de que empezara a bombardear a preguntas (cosa que se veía a venir él, pues algunas otras veces ya le había sucedido algo similar), interceptó la mirada de ella y miró a la mujer.

- Una infusión de jazmín, con algunos pétalos de Rosa si tiene y... una tizana de pera con trocitos de durazno seco y un toque de menta - recitó él, haciendo algo de memoria a lo que Rose le había enseñado del menú. - Para llevar - aclaró.

Ella asintió ampliamente y se dirigió a por los pedidos, no sin antes echar una ojeada rápida a Rose. No tardó más de un par de minutos, pero fue suficiente para que él se volteara hacia su compañera y rodara los ojos para terminar fijándose en ella y sonreír amablemente.
Cuando las tazas humeantes tocaron el mostrador, Petar sacó la cartera y pagó ambos, los cogió y sin más palabra, se volvió hacia Rose entregándole el suyo con mucho cuidado.

- Gracias - mencionó él con un leve cabeceo a la mujer, la cual seguía sonriendo desde detrás de la barra mientras decía algo como "¡Vuelve pronto, hijo!". Él asintió y le abrió la puerta a Rose entre un suspiro.

- A veces las cosas son un poco... - se limita a decir él, dejando el final de aquella frase al aire. Estaba seguro que ella entendía lo que quería decir con eso.



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Re: Viernes Libre [Privado continuación...]

Mensaje por Rose L. Knnox el Lun Ago 22, 2011 12:13 pm

Agradecí que él no notara que estaba viendo a una pareja darse arrumacos porque de lo contrario me hubiera puesto roja como una rosa recién cortada y muerto de verguenza. Se acercó a la barra para pedir y la dependiende que lucía como salida de las paredes del lugar, con el mismo aspecto que todos los manteles que decoraban las mesas se acercó y antes de que Petar se decidiera a hablarle en lo que llegaba hasta nosotros, él giró y con un gesto típico en él me advirtió que fuera bueno. Me remití a sonreírle porque cuando iba a contestar, la señora lo reconoció y solté el aire con pesar. "Aquí vamos" pensé.

La señora se desató, soltó todos esos típicos comentarios que siempre abrumaban a Petar y yo no pude hacer más que sonreir aunque estaba claramente fastidiada. Era difícil salir con Petar a donde la gente lo reconocía como el hijo de Viktor Krum, odiaba eso, era la parte mala de compartir tiempo "a solas" con él fuera del colegio. Tomé mis manos detrás de mi espalda aún sujetando mis manos con ligereza y cuando la señora me miró, escrutadoramente, dejé que mi hermosura destilara, era algo complejo de explicar pero tenía la capacidad de lucir más llamativa a los ojos comunes cuando me lo proponía, no era como un botón de encendido, pero era algo parecido. Miré a mi acompañante para que pidiera nuestra orden, lucía claramente molesto como yo, aunque estaba segura de que la señora no se daría ni cuenta de ello.

Por fin nuestros tés estaban trabajando y estabamos solos de nuevo. Petar me miró rodando los ojos y sonriendome así que le devolví la sonrisa. Sí... por ese tipo de sonrisas era por las que valía la pena salir aunque la gente nos acribillara y corrompiera nuestra privacidad. Las bebidas estuvieron listas en menos de lo que pensé, él pagó y salimos pitando del lugar antes de que a la viejecita se le ocurriera la brillantéz de continuar molestando. Sujeté con cuidado la bebida para no derramarla y al fin estuvimos en la calle.

Lo miré y escuché su comentario a medias, no había necesidad de compeltar la frase porque sabía a que se refería, aunque podía encontrarle muchas terminaciones - ¿Complicadas? ¿Odiosas? ¿abrumadoras? - tampoco era necesario que escogiera alguna puesto que las cosas a veces eran todos esos adjetivos juntos. - Estoy segura que las chicas que salen contigo aman ese tipo de atención... - dí un sorbo a mi bebida mientras caminabamos hacia las bancas que él había mencioado anteriormente. La infusión estaba caliente y en su punto perfecto. "oh por Merlín, esto esto está delicioso!" pensé mientras llegaba uno de los dedos a mis labios como si fuera a babear por el placer que sentí ante la bebida. - Esto está fabuloso - aún sentía mis glándulas linguales babear.

Nos sentamos en la banca guardando un poco de espacio entre los dos, había algo que me pasaba cuando estaba con él. Me imaginaba como se comportarían las otras chicas ante su compañía y estaba segura de que cualqueir arribista no dejaría ni un palmo de separación entre ellos, así que siempre marcaba la clara diferencia entre las otras y yo. Puse mi bolso entre los dos para que no estuvieramos tan cerca y tuvieramos espacio vital para comunicarnos. Ladeé la cabeza y lo miré con intriga sobre su bebida -¿Y? ¿Qué tal está? - sonreí.




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Re: Viernes Libre [Privado continuación...]

Mensaje por Petar V. Krum* el Miér Sep 14, 2011 7:16 am

Efectivamente, ella entendió a lo que se refería. Aquella frase que él dejó a medias, elevándose hacia ninguna parte, podría terminarse de mil formas distintas. Se podrían encontrar demasiados sinónimos para lo que él se refería. Y ella, soltó un par, quizá tres, mientras que él se limitaba a sonsacar una pequeña sonrisa a modo de compensación por su comprensión. Adoraba a Rose, sobre todo, por pequeñas cosas como aquellas. Tenía amigos y amigos. Amigos que eran comprensivos como ella, algo que a él le reconfortaba sumamente, y amigos que se echaban de morros a las cámaras en cuanto veían una y respondían a preguntas que ni siquiera entendían: todo para ser 'alguien'. En aquel aspecto de su vida, de la de él, Rose era de las únicas chicas que se mostraba así. Cualquier otra se habría puesto a charlar con la dependienta sobre lo bien que jugaban los Krum y sobre la suerte que había tenido en salir con él aquella vez.
Al comentario que la rubia soltó a continuación, él respondió con un leve asentimiento, pero no quiso indagar en sus otros romances. Aquello era algo que no venía a cuento en aquel instante, pero ella tenía toda la razón del mundo.

El búlgaro observó como los labios de la rubia rozaban el baso para llevar, lleno de la infusión de jazmín, y le daba un sorbo, degustándolo. Él aún no dió un sorbo hasta que vio la alegría de ella ante su pedido.
No muy lejos del local de Madame Tudipié habían unos bancos que vieron con anterioridad y donde ambos acordaron sentarse después. Así lo hicieron, pero manteniendo cierta distancia entre ellos. Y el silencio se hizo. Solo se oían susurros de lo que serían gritos en la lejanía. Ni siquiera un pájaro o un animal se unía a aquellos alejados ruidos humanos. Petar clavó su mirada en su taza, oliendo el dulzón aroma de la Tizana. No olía nada mal, de hecho, sintió la curiosidad por el sabor. Se acercó lentamente la taza en los labios y antes de dar un pequeño sorbo, olió la menta y la pera de aquel líquido. El olor le envolvió por completo y parecía que, incluso, sus músculos se relajaban.
Finalmente terminó de acortar la distancia con el baso aquel y dio un trago de la Tizana. Era una mezcla de sabores un tanto extraña pero le gustó. El toque de menta era perfecto en la bebida junto a la pera y el durazno seco. Él, que no era muy dado a los tés, se vio eclipsado por aquel en especial. Quizá solo fuera porque era la segunda vez que bebía té en toda su vida, pero terminó dándole la razón a Rose. Hizo bien en hacerle caso.
La pasó la lengua por el labio superior, degustando los restos del té, cuando oyó a la rubia preguntarle si le había gustado. Él ladeó ligeramente la cabeza, clavó la mirada en el té y asintió divertido.

- Está buenísimo - comentó mientras se volvía hacia ella para encontrar sus ojos cristalinos. - No soy muy dado a los tés y lo sabes - se rió ligeramente y se encogió de hombros - pero hice bien en hacerte caso. Y nunca pensé que me fueras a envenenar, de verdad - terminó divertido en son de broma.

A pesar de no estar prestando atención, él sabía perfectamente que lo único que les separaba por aquel entonces era el bolso que la rubia irlandesa había dejado entre ambos. Era cómodo que ella no se hubiera sentado pegado a él, aunque eso nunca le hubiera molestado.



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